Lo primero y principal, ¿sabes qué es ecommerce? Muy sencillo: el comercio electrónico o tienda online.

Hasta hace unos años eran muy pocas las personas que se atrevían a hacer una compra online, sobre todo, por desconfianza. Miedo a que no llegue la compra, que no sea el artículo que hemos escogido, por estar incluyendo datos bancarios que quedaban “perdidos en la Red”…

Sin embargo, cada vez hay factores que nos indican si el sitio donde estamos haciendo el pago el de confianza, pese a que no sea una marca conocida por nosotros.

¿Por qué está cambiando?

En gran medida por los requisitos que deben (o deberían) cumplir las empresas para vender por internet (Políticas de privacidad, condiciones de devolución, protección de datos…), pasarelas de pago como PayPal o bancos que hacen de mediadores en el momento del pago, tarjetas monedero… Varios aspectos que nos hacen pensar que no nos van a engañar.

A su vez, tenemos otras opciones a nuestra disposición, adicionales al aspecto de la web donde hacemos la compra, que nos advierten sobre su seguridad y confianza: Consulta de opiniones en RRSS, en buscadores o en la propia página que dejan los usuarios sobre su experiencia de compra, consultas al vendedor de cualquier duda que nos pueda surgir previa a la compra (medidas, colores, cantidades…)

En definitiva, pese a que debemos tomar ciertas precauciones, la compra online se ha convertido en una actividad de lo más común, confiable y que va en aumento, hasta el punto de hacer la compra del supermercado desde un smartphone o las entradas del cine para ir esta tarde.

Gracias a esa comodidad de no tener que hacer colas, desplazarse o bien, porque el producto sólo se vende fuera de nuestra zona, (entre muchas otras razones que nos llevan a hacerlo de este modo), forma parte de nuestras vidas, sin importar demasiado la edad, el sexo u otras características demográficas.

Es por ello que, desde el negocio más pequeñito hasta la gran multinacional, siempre y cuando el modelo de negocio permita la venta online, deben ofrecer sus productos mediante ecommerce.

Porque las posibilidades de venta se elevan a la enésima potencia y la inversión a realizar para conseguirlo es mínima, si tienes en cuenta los beneficios a conseguir. Piensa que, gracias a la extensión de internet, la cantidad de usuarios que navegan a diario, pueden comprar tus productos desde la otra punta del mundo. Máxime si tienes una buena estrategia de Marketing Digital (SEO, SEM…) que ayude a posicionar tu web como una de las primeras a elegir. 

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